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EL ABUELO SE "PIERDE"



 Cuando cae la noche el viento recobra la vida que dejó al atardecer y la temperatura baja en picado, mas en este invierno tan frío que aguantamos, que soportamos esperando tiempos mejores. El frío se cuela por las ventanas sin cristales que dan al patio interior, la conversación transcurre medio tapada por las mantas que nos cubren y nos alivian de la congelación, asomarse al exterior montañoso de la casa es para pensárselo dos veces.
 Pues bien, con la que está cayendo el abuelo no ha regresado a casa, en estos momentos, está perdido en la montaña, al menos eso pensamos.
 Salió esta mañana a cambiar de sitio al burro, el cual tiene una cualidad fuera de lo común, es especialista en fugas, en conseguir librarse de los fuertes nudos con los que las personas lo atamos en el lugar de la montaña que nos parece mas oportuno. Demasiado grano y muy poco trabajo, se comenta entre la familia, el caso es que hoy cuando el abuelo fue a cambiar el burro de sitio, ya no estaba, había desaparecido, y el abuelo ha seguido montaña adentro buscándolo. Esto pasó al amanecer, ahora ya es muy tarde, de noche, y el abuelo no ha regresado. Tiene mas de ochenta años, no lleva ni comida, ni té, ni agua, ni siquiera un taslabit, con el que intentar protegerse del frío, tiene reuma, ve muy poco y oye aún peor. Arriba en la montaña, por dónde él se fue, no hay nada, ni pueblos, ni gente, ni jaimas, ni pozos, ni aljibes, nada. La última vez fue visto muy arriba de la Adrer n Sarás, lo vieron dos de sus nietos mientras pastoreaban las cabras, lo llamaron, casi no les hizo caso, le dijeron que descansara un momento, que tomara un té con ellos y que luego siguiera, pero se negó.
 Ahora no podemos hacer nada, salir a buscarlo es tarea imposible, la oscuridad impide la visión y la montaña, sería como buscar una aguja en un pajar, es una sierra enorme y difícil llena de piedras, precipicios y oquedades, en éstas últimas confiamos que se haya refugiado, pero podríamos pasar a tres metros de él y no verlo. Tampoco respondería a nuestros gritos pues está tan sordo que no los escucharía. Acordamos partir un poco antes del amanecer, somos varios e iremos en distintas direcciones, mientras tanto se apela a la voluntad divina. El que pase una noche fuera de casa en la montaña no nos preocuparía ni lo mas mínimo, sino fuera de edad tan avanzada, si al menos llevara té, o algo de abrigo. Es cierto que ha pasado mas noches de su vida al raso que bajo un techo, pero eran otros tiempos y otras las condiciones.
 Se ha corrido la voz por el oasis de su desaparición y todo el mundo está sobre aviso. La verdad, no es la primera vez que ocurre, todos los años le da por desaparecer sin decírselo a nadie, la última vez, el año pasado, apareció en Ifrane, al parecer no fue el único sitio por dónde había pasado en su aventura. Yo quiero pensar que si un hombre ha pasado cincuenta o sesenta años nomadeando de aquí para allá, no puede, de repente, pasar su vejez en el mas pleno sedentarismo, pienso que la cabra tira al monte, aunque sea cabra vieja. Sus hijos lo plantean de otra manera, según ellos, como diríamos vulgarmente, chochea, dicen que un viejo es lo mismo que un niño pequeño, que no sabe bien lo que hace. A todo esto, la abuela, su mujer, pilla unos cabreos de muy señor mío, que a él por un oído le entran y por el otro le salen, para algo útil, al menos, le siguen sirviendo las orejas. Lo curioso es que si conocemos bien la vida hoy en día de la abuela, tan nómada como él, comprobaremos que tampoco para en torreta, pasando mas tiempo de casa en casa de familiares, en diferentes oasis, que en la suya propia.
 Amanece y partimos cada uno en su búsqueda, llevamos móviles para llamarnos en el caso que aparezca, a mediodía, en plena caminata, suena el mío.
- Han visto al abuelo en la carretera de Bouizakarne, cerca de Timuley, estaba haciendo autostop.
- ¿Pero está bien?
- Si perfectamente, amduliallah, Hassane ha ido a buscarlo con la moto del maalam...
 Poco después uno de sus hijos, que había dado con una bici la vuelta entera a la sierra buscándolo desde abajo, en total mas de 60 kms., lo trae a casa. El abuelo está muy cansado pero se encuentra bien, bajó de las montañas, ¡por el otro lado!, cuando vio que anochecía, se acercó hasta una jaima, la primera que encontró, por supuesto se conocían, cenó askif, y durmió caliente, al salir el sol, se dirigió hacia la carretera y se puso a parar los pocos coches que pasaban por allí. En total, una burrada de kilómetros, algo fuera de lo normal.
Pasa los siguientes dos días recuperándose, casi no puede andar, cuando se le reprocha que se haya ido sin avisar, dice:
- ¿Qué soy un niño para tener que pedir permiso o avisar?
 Y me cuenta la historia de cuando se perdió siendo un muchacho.
 " Mi padre y yo fuimos a Bizaharne a cultivar la tierra, después llevé a los camellos a beber y a la montaña, donde me quedé dormido un rato. Sin darme cuenta, cuando desperté era de noche y busqué los camellos, pero en la oscuridad no pude encontrarlos. Fui por la montaña hasta que tuve a la vista el Wawkrdad, cerca de Id Yassin. Allí me quedé a dormir, tenía miedo de mi padre si regresaba sin los camellos. Mi padre también tenía miedo de que me hubiera perdido, pues apenas tenía doce o trece años y por la noche salían muchas hienas. Por la mañana me desperté y sobre las diez encontré a los camellos.
Mi padre me dijo:
- ¿ Dónde has estado?
 Le conté que me había perdido y que estuve buscándolos, por eso me quedé en la montaña.
Después de arar y sembrar la tierra, la familia nos fuimos a Taurirt n Ladot, cerca de Tanbardet, arriba de Id Moussa, para seguir trabajando un trozo de tierra que teníamos allí. Cuando terminamos el trabajo nos fuimos al Borj, a casa de Id Bouchta, para recoger allí paja y grano para que comieran los camellos y partimos dirección Taghjijt por la agaras Moumrad, después por Tiguidrt, bajando hasta Tourirt n Tiyoka, llamada así por haber allí muchas tabuk, lechuzas. Seguimos bajando hasta las llanuras de Ait Safin, después Tazlmat, cerca de Wawzgart, después a Chergui hasta Tigimí n Baha, Después Iguidar y Assofid n Baha para llegar hasta Tagmout."

NOTAS MÍAS: Esta historia, de contenido en principio intrascendente, nos demuestra varías cosas. Lo primero es que hace no demasiado tiempo, las hienas eran de lo mÁs habitual, en cambio hoy están extinguidas, debido a una serie de factores que cito en capítulo aparte y en especial dedicado a este animal. Después nos indica que antes, era posible cultivar en unos lugares donde hoy nadie lo hace, debido a un clima que se ha vuelto mucho mas seco y extremo, otra vez, de manera acelerada, en muy poco tiempo. Y por último se me ocurre que sin contar nada revelante, la última parte del relato sobretodo, demuestra muy bien la estructura bastante común en los relatos de viajes de los habitantes de esta zona, en los cuales siempre se detalla con incansable minuciosidad los lugares por donde pasan, formando una especie de listado, de rosario u hoja de ruta, siendo cada vez mas detallada cuanto más conozca el oyente la zona.

ERJALES. LOS ÚLTIMOS NÓMADAS

Lleva tres días lloviendo a ratos, estamos incomunicados, felices y llenos de barro. 
El arroyo es ahora torrente poderoso, insalvable, el cielo, es otro. 
La lluvia  será causa directa de animales gordos y gente feliz.   Ayer un brazo del arroyo que siempre anda seco dio el primer aviso, los vecinos se enteraron bastante antes de que ocurriese y avisaron, caminé por la empapada y resbaladiza ladera hacia el lugar donde los dos cauces se unen, los gritos de la gente repitiendo la misma palabra se esparcían por el palmeral, "crecida, crecida!!"...

 Hoy al mediodía llegó la inundación del cauce principal, no estaba lloviendo, nada indicaba que fuese a ocurrir, incluso unos minutos antes había estado recorriéndolo siguiendo las frescas y profundas huellas de un gran jabalí, regresé a casa y fue entonces un ruido atronador el que nos avisó que algo ocurría, me asomé justo a tiempo para llegar a ver la venida de la crecida, fue impresionante, una cosa es que te la cuenten y otra es vivirlo, un gran torrente de agua, barro y piedras nos ha dejado incomunicados subiendo el arroyo de nivel un par de metros.
 Este agua es esperada desde hace muchos meses e inundará todos los ma´ader y todas las tierras de cultivos de diferentes oasis hasta su disolución en el océano.
 Dará un respiro y pondrá en movimiento a la gente que todavía sigue los pastos viviendo en las tiendas, no muchos, en este principio de siglo XXI, en la que la mayor parte de la gente de tribus no hace demasiado, apenas una generación, predominantemente nómadas o seminómadas, hoy, por diversos factores, se sedenterizaron o emigraron.
 No es debido, a mi parecer, al poderoso influjo de la vida moderna por lo que estas gentes están cambiando de vida, al menos no es ese el único origen de su cambio, porque habrá quien quiera cambiar y quien no quiera hacerlo, el problema es que el sistema de vida tradicional, basado en el pastoreo y la caza, además de una agricultura estacional, no se mantiene, es imposible e impracticable incluso para el que lo deseé firmemente. 
Aquel nómada que decida vivir, como siempre vivió su familia durante siglos, en la naturaleza, las va a pasar canutas, aún más que sus padres y abuelos.
 La ecuación es simple : no llueve, no hay pastos, no hay comida. Así no hay quien viva.
 Se les puede poner escuelas para sus niños en los lugares más frecuentados, se les puede ofrecer acceso a la sanidad, pero sino llueve todo será en vano.
 Recuerdo una vez en plena caminata con el abuelo Abdelhai por el Arruy, valle donde pasó gran parte de su vida, bastante alejado de cualquier población. Allí casi siempre comían carne de gacela o de muflón, sus cabras y camellos tenían leche, allí llegó a cultivar una pequeña huerta que el mismo regaba con la deliciosa agua del anó Ifrí, pozo antes casi a ras de superficie, y plantó unas pocas palmeras que aún siguen allí, más fuertes y más altas, pegadas al pozo.
 Caminaba junto a él, intentaba llevar su ritmo, hecho con paso corto y rápido cuando se quedó parado y señalando con la mano un árbol algo lejano dijo:
- Bajo aquella omarad (1nació L´Bachir... 

El paisaje era abrumador, sin duda alguien que naciera allí, sería desde sus primeros instantes de vida, un superviviente.
 Hoy el Bachir tiene treinta y pocos años y vive en Marrakech. Siempre creí que era una pena, una desgracia, que L´Bachir, íntimo amigo mío y de mi misma edad, cambiara la vida que su familia, durante siglos, había llevado en la montaña.
 Siempre lo creí hasta que en mis dos últimos viajes lo visité.
 Ahora tengo dudas y ya no sé que pensar, me explico.
 L´Bachir vive en Marrakech, en el popular barrio de Aín Itti, junto a su mujer, antes vecina suya. Ella pasó su vida en la montaña, desde bien pequeñita, de pastora, hasta su boda con L´Bachir. A él le esperaba el mismo destino, pero fue siendo él un niño cuando su familia dejó de vivir de manera permanente en la tienda y se construyó una casa cerca del río para pasar allí las malas y cada vez más frecuentes temporadas de sequía.
 Fue cuando pisó la escuela por primera vez. Antes ya algún talb había dicho que este chico tenía buena cabeza, aprendía muy rápido el Corán, que era muy listo, y al llegar a la escuela los comentarios se repitieron.
 Se decidió lo siguiente: él sería en la familia el único que estudiaría, los demás tendrían que sacrificarse y trabajar, hacía verdadera falta. Se obró el milagro y así L´Bachir estudió una carrera, la sacó bien y penetró en el mundo laboral marroquí.
Pero si la vida de estudiante fue dura después fue peor, muchos años de increíbles peripecias, en los que se incluyen, hambre, "destierros" saharianos, meses y meses de sueldo que nunca llegan, puestos a los que se accede mediante el embargo de tu  nómina por parte de tu jefe, condiciones laborales bárbaras, vamos, penuria a tope, para al final conseguir un puesto de funcionario en la gran ciudad con un sueldo de unos 320 euros mensuales, que desde luego, no es de los más bajos en Marruecos.
 Vive en un espacio que ocupa la planta baja en el interior de un portal. No tiene ventana alguna ni respiradero, tiene agua y luz, y con el tiempo ha comprado una tele, un dvd, una nevera, dos habitaciones, un ruido diurno brutal debido a unos talleres vecinos y una pequeña moto para ir a trabajar.
 Su mujer se alegra de no tener que estar tan aburrida todos los días con las cabras, de no tener que subir el agua con cubos a la casa por una cuesta de impresión, de no tener que realizar duras y constantes tareas domésticas y sobretodo, de no tener que estar bajo el férreo mandato de la suegra, como le ocurrió durante los años en los que estuvo casada pero separada de su marido mientras éste no pudo mantenerla y le tocó vivir en la casa de la familia de él.
 Pero ¿y él? ¿cabe preguntarse si hubiera sido más feliz si se hubiese quedado de pastor como todos sus antepasados?
 Pues eso es una cosa que no podemos saber, ¿qué hubiera pasado sí...? es como un laberinto con muchas entradas y salidas, aquí lo importante, según mi opinión, es que L´Bachir por mucho que hubiera querido llevar una vida en la montaña, no hubiera podido hacerlo, sobretodo y más que ninguna otra cosa, porque no llueve, lo que fue un hábitat presahariano con lluvias anuales más o menos recurrentes ha cambiado a un hábitat sahariano puro y duro.
 Años y años sin caer ni gota o lloviendo de manera insuficiente.
 No nos puede saber mal el cambio cuando no les queda más remedio.
 No ha habido opción, nos puede saber mal esa falta de opción pero no que hayan cambiado su vida, que cada vez halla menos tiendas acampando en los valles, que todo eso se vaya al carajo, o eso o se mueren, como sentencia otro buen amigo mío : allí no hay nada.
 Yo quiero que vivan, y además que vivan bien, lo primero es L´Bachir y su mujer, que su hijo no nazca bajo una acacia y lo haga en la sala de partos de un hospital es mucho menos romántico a nuestra vista, desde luego, pero lo que de verdad interesa es que el niño crezca bien sean felices y coman perdices.
 Y al final, creo que la cuestión que debemos hacernos es, a nosotros, como madres y padres, ¿dónde nos gustaría que nacieran nuestros hijos?. ¿Y dónde nos gustaría que creciera bajo una acacia o frente a la consola de videojuegos?
La combinación, el mestizaje de varios tipos de vida es, según mi opinión, posible.
 Cuando se habla de que el problema es que no llueve, la información dada no es exacta, el problema es la falta de agua, consecuencia de que no llueva, pero el agua no solo está sobre nuestras cabezas también está bajo nuestros pies, con los medios modernos es perfectamente alcanzable. Con ella casi todo crece, la tierra es buena.
 Pequeñas bombas de color verde, granjas de gente que invirtió en un pozo, pequeños paraísos terrenales surgen dispersos por este desierto.
 Ellas mismas son la prueba de su viabilidad, no económica de acuerdo, pero si alimentaria.
 Sólo hace falta dinero, querer hacerlo y ponerse manos a la obra.


 1 Omarad : tahla, acacia

BRAHIM SE SUBE A LA PATERA



 La aventura de Brahim España.

 Brahim era casi un cero a la izquierda, un chiquillo, de apenas 18 años, tomado por un niño por cualquiera que le sobrepasara en edad. Vivía con su familia, erjales recién sedenterizados, pues era la primera vez que se habían hecho una casa, en la parte más pobre, en las afueras, allí donde no había ni agua ni luz, y la tierra no valía nada.
 Además el destino no había sido demasiado amable con ellos. Siendo muy pobres, el padre se cayó de una palmera y quedó inválido, el hermano se cayó al pozo familiar de niño y había quedado con una gran cojera por culpa de un nulo tratamiento, la hermana gangosa, él se buscaba la vida de arriero y en ocasiones como albañil-niño con un salario patético. 3 euros al día.
 Causó cierto revuelo en el oasis el día que se supo que había conseguido cruzar en patera a Fuerteventura.
 La frase más murmurada fue: si un niño, ha conseguido cruzar, ¿por qué yo no?
 Volvió repatriado al cabo de más o menos mes y medio. Me lo encontré narrando su hazaña en el café Bani, al borde del único asfalto que cruza el pueblo.
 Se había ganado cierta reputación, se hallaba sentado entre chicos más mayores que él, a veces era invitado a algo con tal que contara su periplo, desde que había vuelto era tratado de manera diferente, e incluso había cambiado su nombre pasando de ser uno más de los casi infinitos Brahim de la tribu Id Brahim, a ser Brahim España, había ganado pues, un peculiar apellido que ya no se borraría. La tertulia estaba muy animada, todos buscaban información.
 -¿Te pegan?- . El que preguntaba se refería a la guardia civil.
- No, nunca, te dan comida, una cama limpia y con una gran ponch (1)-. Se refería a su estancia en el centro de internamiento.
- Ves, - decía otro- como si vale la pena.
- Con los 11000 dirham que se ha gastado- respondo cruel - se habría podido comprar una cama mucho más grande y atiborrarse de comida una larga temporada.- E incluso abrir un negocio, esto lo pienso pero me lo callo. No logro convencer a nadie.
- ¿Y sólo repatrían a los marroquíes ?
- Si, - dice Brahim España y se gira hacia mi- Oye, ¿porqué a los negros no los devuelven?, ¿qué pasa con ellos luego?.
- Los reparten por diferentes ciudades, sin papeles, muchos tienen que dormir bajo los puentes, en mi tamazirt, hay muchos así.- Sigo sin convencer.
- A los menores tampoco los devuelven. - aclara Brahim- Yo intenté hacerme pasar por menor pero no coló. Me hicieron la "radio".
- ¿Y tú no sabías que hacían "la radio"?
- Yo, ni idea. En cuanto me la hicieron me enviaron para aquí en un avión.
 La radio es una radiografía del hueso del antebrazo por la cual se puede determinar la edad exacta de una persona.
- ¿Y dónde te dejaron?
- En Nador y sin dinero.- Nador está en la otra punta del país, vecina de Melilla. Nos cuenta las peripecias del viaje de vuelta. Más de mil kilómetros y sin dinero.
- ¿Y dónde lo pasaste peor, en la patera o en el viaje de vuelta?
- En la patera-. Y el moreno se le aclara un poco al decir esto...
-¿Vas a volver a intentarlo?
  No, dicen sus labios, cortésmente, pero sus ojos me responden lo contrario.
 Al rato pasa Ahmed con un Mercedes negro, reluciente, última generación, con matrícula francesa, está pasando aquí sus vacaciones, supervisando la enorme casa de cemento que se está construyendo. Lleva la radio a todo volumen.
No hay color, pienso, y clavo mis ojos en la montaña.

HISTORIA DEL DILUVIO

















 Contada por B. Abdelhay u Hussein de los Id Brahim

 Hace mucho tiempo el mar, creyéndose el más fuerte y grande decidió ocupar toda la tierra.
 Dios, que sí es el más grande, le dijo al mar:
- Tú te crees el más grande pero no es así. Yo sí lo soy.
 Y mandó a un mosquito beber toda el agua del mar. Cuando así lo hizo, Dios le dijo al mar:
- ¿Quién es de verdad el mas fuerte?...
 El mar aceptó la grandeza de Dios, y Éste hizo devolver gran parte del agua que guardaba el mosquito a la tierra.
 Ya habéis visto.
 Dios es Uno. Sólo Dios es el mas grande.

TAGMOUT, EL OTRO MARRUECOS


Tagmout languidece bajo el sol, el polvo y el viento.

Es un lugar sublime, oasis de palmeras asentado en una llanura rodeada de impresionantes montañas, junto a un cauce normalmente seco, pueblo antiguo de leyendas míticas, guardián del silencio, el asfalto muere de manera definitiva en él, justo cuando lo penetra, siendo el resto de sus calles de tierra.
 Aquí se puede escuchar el viento entre casas y palmeras, los chirridos de las bicicletas de sus cada día menos habitantes, las llamadas a la oración, el paso ocasional de alguna mobilete años 60, pero sobre todo se puede escuchar el silencio.

El pueblo, dicen, ha conocido tiempos mejores, y me hablan de cuando gracias a la guerra con el Polisario, este era el último lugar visitable antes de la frontera, totalmente cerrada, llenándose de viajeros y turistas, ya que por alguna razón, siempre nos ha gustado llegar al final de algo, hasta la última parte posible, era pues, un último destino.
 Curiosamente, en cuanto se permitió el paso hacia el antiguo Sahara español, Tagmout seguía siendo exactamente el mismo, igual de hospitalario, igual de maravilloso, pero ya no había nadie que le prestase atención, nadie, todos pasaban de largo sin el mas mínimo interés por él. 
 El trazado de una nueva carretera que lo evitó fue el mazazo definitivo.

También cambió la forma de vida de algunos de sus habitantes, desechando las antiguas y duras faenas tradicionales, que casi nunca aseguran el no pasar hambre, marcharon cogidos de la mano de la emigración.
Sus casas, verdaderos tesoros, algunas de cientos de años de antigüedad, son para el occidental irreales e inimaginables, verdaderas mini-fortalezas de tierra de hasta cuatro y cinco niveles, de arquitectura redondeada e irregular, capaces de albergar a los numerosos miembros de las antiguas familias, son todo un laberinto de puertas en las que es necesario agacharse, largas y estrechas estancias iluminadas con ingeniosos sistemas a base de conseguir que la luz llegue del exterior, muchas escaleras por donde solo cabe una persona, a veces una para cada piso, pegadas entre si, como acequias casi verticales, techos hechos con entramados de palmera, argán, acacia y barro, que según se dispongan las ramitas puede dan lugar a figuras geométricas exquisitas, paredes de metro y medio de grosor, puertas labradas tradicionales, lugar para todos los animales, y también para las colmenas, terrazas con vistas de ensueño, pisos que se balancean al paso de uno, como una emoción, sin peligro ninguno, tragaluces en las partes mas inesperadas, por todos lados estilo y bienestar, y sobre todo, mucho espíritu, son casas que llenan, que enamoran, que fascinan.
Hoy en día se vienen abajo y no hay manera de convencer a nadie de que no las abandonen sustituyéndolas por otras de bloque y cemento, más incómodas, mucho más caras, y lo que es peor muchísimo más cutres y en donde uno se siente un auténtico desgraciado, como si le hubiera tocado vivir en una de esas chabolas que hay en la M-40, porque no se harán una casa de bloque y cemento más o menos aseadita, como en la mayoría de los casos no hay dinero, dejarán la casa a medio hacer, el bloque puro, la humedad, el frío, el calor extremos, la invadirán constantemente.



Y la vieja y honorable casa, única, pues no hay dos iguales, quedará utilizada como corral, o simplemente abandonada, lloverá una vez y se le irá la blancor de la cal, y las terceras lluvias le abrirán goteras, y las quintas le tiraran el techo, y al cabo de unas cuantas, como buena casa totalmente natural y ecológica, será un pegote informe de tierra y ruina, hasta que se deshaga por completo, pasando el terreno que ocupaba a ser vertedero y cagadero clandestino de los vecinos.
Montón de plásticos, mierdas enroscadas y porquería multicolor.
Y el pueblo de lo que tendría que ser calificado como verdadero patrimonio de la humanidad, representante de un arte propio y lo que es mejor, bello, muy bello, pasará a ser, un lugar sin salidas, ni expectativas inundado por la basura y el desánimo.

Nos encontramos justo a mitad del proceso, la mayoría de las casas están ahí y merecerían continuar vivas, pero imposible encontrar aquí mismo la solución.

 Como occidental que soy, (aunque con el orgullo del que intenta renegar- y la frustración del que no lo consigue- ), no paro de darle vueltas a la cabeza buscando una solución, no lo puedo evitar, dejar pasar, ya me habéis convencido que los esquemas mentales son imposibles de cambiar, (bueno casi convencido, no del todo).
 Y miro hacia el norte, a nuestro querido y aburrido país, a ver cómo han arreglado cuestiones parecidas allí, la solución sale rápido, recuerdo los molinos restaurados por ingleses, las masías arregladas por los alemanes, la inversión de un turismo que ha mantenido verdaderas joyas antiguas, conservándolas medio vivas, y digo medio...



¿Sería esto posible aquí?, conozco a la gente, a las autoridades, los obreros son mis hermanos, verdaderos "maalam" (maestros, profesionales, especialistas) de la construcción  tradicional de estas tierras, conozco los precios, incluso viviendo de yo de ello, estos seguirían siendo bajos e interesantes, cada vez hay mas gente deseando fugarse del norte...también pienso en las dificultades, como que una casa puede pertenecer a una familia interminable, que nunca haya habido papeles, cosas así, nada insalvable.
Y no lo hago por miedo a trastornar, a alterar la melodía, una melodía aquí solo vista casi que por mí, ¿egoísmo? ¿me apetece ver gente extraña alterando costumbres, " tipos raros", (con perdón, no mas raros que yo), que llegarán cargados de alcohol, sí lo sé, no todos ni mucho menos, mujeres con camisetas sin mangas y pantalones que enseñan el tanga, ¿un turismo que desaparecerá a la primera de cambio? ¿me gustaría que esto se pareciera a otras desvirtuadas y pantomímicas  zonas turísticas? ¿Todoterrenos ruidosos muy caros por todas partes? ¿la invasión de los marcianos en nuestro querido planeta amarillo y marrón? ¿no pienso sino chorradas si tengo en cuenta dónde está el verdadero desastre? Guerras, visas, enfermedades, abusos, muros...



¿Es el turismo una panacea o es un problema?, o ninguna de las dos cosas..., ¿y al menos cosa mas o menos buena? ¿es un error considerar al futuro propietario, o propietaria, como un turista, suponiéndole una mayor sensibilidad y conocimiento del entorno? ¿a la larga no sería peor? un "mal turista" desaparece pronto y se acabó, el otro...
 ¿Dejo que se caigan las casas y que todo siga su marcha?, yo, que puede que tenga el poder de aportar el minúsculo y famoso granito de arena ¿Dejo a mis amigos con dificultades de dinero para comprar medicinas para los chiquitos, pudiéndolo evitar, tal vez no?..., ¿y dinero suficiente para una tele?, ¿se acabarán las tertulias, los cuentos, y la historia oral, etc. y etc.? ¿ se acabarán de todas maneras y solo soy un cero a la izquierda? ¿ Sigo trabajando en ya no se me ocurre qué, lejos de donde quiero estar?.